miércoles, 16 de enero de 2013

El mito de la guerra por el agua entre las comunidades y la industria extractiva


El conflicto por el agua entre las comunidades y la industria extractiva y la posición extrema agua vs oro constituye un mito perverso diseñado maliciosamente por personas y entidades interesadas por obtener beneficios económicos concretos de la existencia del  conflicto en oposición a la existencia de la industria y supuesta defensa de poblaciones vulnerables y desprotegidas del abuso industrial poniendo en extremos a los actores como si algunos fueran los buenos, ingenuos e indefensos frente a otros que serían los malos, perversos y superpoderosos. Nada más falso y nada más ajeno a la realidad.

El agua es un bien preciado para todos los seres humanos y dada su abundancia normalmente se le desperdicia, no se le valora, tiene un precio bajo y se utiliza ineficientemente en los lugares donde se usa. El problema del agua es un problema de precios, el día que el agua cueste como la gasolina quisiéramos ver quien la desperdicia. Ese día entonces recién se valorará, reciclará y utilizará eficientemente como debe ser. En realidad nadie aprecia lo que no tiene valor. Mientras el agua tenga un valor irrisorio y extremadamente bajo, las personas y las empresas no la van a valorar y por lo tanto en un círculo perverso al no haber ingresos por agua, no será posible hacer las inversiones que se requieren para preservarla, almacenarla y distribuirla de manera apropiada.

Existen muchos mitos sobre el agua y la mayoría están cargados de ideologización perversa por partes interesadas. El primer y más extremo mito consiste en vendernos la idea equivocada que el agua es escasa en el mundo. Nada más falso, el agua constituye 2/3 del planeta y puede utilizarse casi toda con procesos de desalinización convencional (en el Perú lo hacíamos en Talara desde los años 60s), incluso si fuera el agua dulce, la realidad es que solo se utiliza un 5% del agua disponible y  si fuera del agua potable diríamos que de cada cubo de agua generada perdemos el 40% del agua tratada y potabilizada en las ciudades que pueden disfrutarla por un extraña combinación entre perdidas de transporte en las redes y robo sistemático por inescrupulosos (personas o empresas) que a pesar del bajo precio sencillamente la roban vilmente. Es un mito decir que no hay agua cuando el 95% del agua dulce se va directamente al mar, se pierde y se desperdicia sin mayor preocupación.

El segundo mito consiste en decir maliciosamente que el agua solo surge de las cabeceras de cuenca y que hay que preservarlas por ser la única fuente de agua disponible. Nada más falso ni perversamente equivocado intencionalmente. Lo cierto es que el agua cumple un ciclo natural, corre hacia el mar, luego evapora y sube a condensarse en las nubes, luego precipita por igual en toda la superficie terrestre donde están las cabeceras, las cuencas, los valles los ríos, las tierras, la costa y todo lo que existe. El problema es que no la retenemos, la dejamos pasar, no se infiltra, no carga los acuíferos y como consecuencia de ello nuevamente se pierde hacia el mar para re-empezar el ciclo. Decir que el agua solo surge de las cabeceras de cuenta es un invento de las ONGs para ponerse en contra de la industria extractiva a costa de la ignorancia de la gente y la hipoteca de su futuro que evita la llegada del progreso y los condena al subdesarrollo. Lo peor de todo es que se convence poblaciones completas que van felices a defenderse legítimamente de un enemigo imaginario, se les miente descaradamente poniendo verdades a medias con seudo-científicos y presentando argumentos que suenan de legítima defensa en protección de la población cuando en realidad estas ONGs anti extractivas están cobrando inmensas sumas de dinero en sus corporativos algunos de los cuales están curiosamente en centros financieros de las principales ciudades del mundo. Que perversa manera de levantar dinero a costa de la ignorancia y en atropello al derecho de estar informado correctamente de cómo son las cosas. Es una barbaridad que debe ser prontamente regulada y sancionada ejemplarmente desde un Estado independiente y soberano.

El tercer mito consiste en hacer pensar que la industria extractiva en general y la minería en particular son altamente intensivas en consumo de agua, cuando la minería ha logrado reducir el uso de agua por cubo de roca tratada en un 65% en menos de 10 años, cuando el uso de agua en las minas es en promedio siempre  menor al 5% de la capacidad de las fuentes locales en las épocas más bajas estación seca lo cual está autorizado formalmente por el regulador sustentado en estudios hidrológicos e hidrogeológicos de amplio detalle en la ingeniería de la mina. Igualmente cuando actualmente se recicla más del 80% del agua utilizada en los procesos, cuando se extrae cerca del 75% de agua del relave, cuando se reutiliza el 95% del agua tratada de los efluentes domésticos de los campamentos mineros para usarla en sistemas de regado y cuando existen intensas innovaciones en materia de reciclaje, reinyección y reutilización de agua en la industria minera.

Se especula cuando se dice que agua contaminada se debe a la presencia de las minas formales, si es así, el primero que quiere determinarlo y corregirlo es el minero mismo. Se quiere atribuir contaminación si examinar las fuentes, sin hacer estudios de línea base, sin ver cómo era el agua antes de la mina, si era limpia, si cumplía los estándares internacionales o si hay fuentes naturales o artificiales (poblados, ciudades, desechos, rellenos, etc.) que ya contaminan. Se toma el tema de la contaminación con mucha ligereza y superficialidad sin sustento y sin estudios. La minería mediana y grande tiene hoy día toda la tecnología y capacidad para ser ambientalmente limpia. La pequeña minería formal, artesanal y menos informal en cambio nunca tendrán los recursos económicos ni tecnológicos suficientes para ser ambientalmente sustentables, por lo que su promoción por parte del Estado es un error y solo beneficia a quien ven en ello un problema social o la indignante oportunidad de hacer populismo con ello. 

Como pueden apreciar existen muchos mitos sobre el agua, la mayoría de los cuales no tiene sustento científico o están basados en ideas y creencias manipulando maliciosamente la realidad para generar un innecesario conflicto entre partes que finalmente comparte en el agua, el interés común de protegerla, preservarla, utilizarla y reutilizarla de una manera efectiva y segura.

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