viernes, 5 de octubre de 2012

Reflexiones sobre la naturaleza del conflicto entre la industria extractiva y las Comunidades



El conflicto existente entre la industria extractiva y las comunidades no es nuevo ni original, es un conflicto antiguo. invariante a la geografía, el país o la naturaleza del proyecto sobre el que se desarrolla la oposición conflictiva. Se trata de un tema complejo y difícil de resolver que erróneamente ha sido reducido a descalificar permanentemente al contrario de manera que no sea posible lograr una negociación efectiva. Los esfuerzos del Estado se han  centrado en reprimir los conflictos, buscar intermediarios y generar asimetrías basadas en la posición de poder político o económico mientras que los esfuerzos de los líderes regionales que se irrogan representar a las comunidades se han centrado principalmente en evidenciar el drama de un Estado ausente y mostrar a la minería como la responsable del atraso y pobreza local cual causante de todos los problemas que se tienen en los alrededores.
Debemos reconocer que el conflicto es generalmente utilizado como medio necesario para sacar el boleto apropiado que les permite sentarse a la mesa de negociación en una mejor posición que la que se tiene de manera natural en un escenario pre-conflictivo.  En ese contexto, desaparecer el conflicto no es ni remotamente una opción válida o inteligente. Lo que se requiere en realidad es administrar el conflicto de manera que pueda estudiarse los intereses particulares de cada actor que genera conflicto para poder trabajar con ellos en alinearlos a lo que realmente se requiere en beneficio de la mayoría, la legalidad, el progreso y el bienestar general.
Es claro que la gran mayoría de los actores en conflicto enmascaran descaradamente sus legítimos  intereses  particulares, grupales o corporativos en temas de amplia aceptación popular en la búsqueda de legitimidad. Es por ello que el tema ambiental se ha  convertido en un tema perfecto para ser bandera de muchos conflictos que en realidad esconden intereses particulares que no dejan verse de manera directa y que son parte importante de la negociación que permite resolver el conflicto y reducirlo hasta un nivel razonable que incluso pueda agregar valor luego de una negociación exitosa convirtiendo a la parte interesada en verdadero garante de los resultados de la  misma.
Recordemos que en muchos casos los actores en conflicto adoptan posturas radicales, a veces ilegales y extremistas que no contribuyen en nada en la búsqueda de una negociación exitosa. Esto les permite controlar la situación inicial y obtener una mejor posición negociadora cuando se tomen las decisiones que puedan comprometer el futuro de la mayoría. Esto debe detectarse a tiempo para alinear los intereses de los actores problemáticos y conducirlos a un escenario neutral, independiente y transparente que permita concretar un espacio para la negociación con una agenda de temas concretos a ser debatidos y revisados durante el proceso. No es sencillo pero tampoco imposible y se debe hacer un esfuerzo razonable para ponerse en el zapato de los actores en conflicto lo cual supone revisar nuestros más íntimos intereses con amplia flexibilidad de manera suficiente como para intentar alinearlos con los intereses de las otras partes en conflicto logrando detectar intereses comunes sobre los cuales se pueda trabajar en forma exitosa.
El ejemplo más claro es el agua, todos estamos interesados en el agua: las comunidades, las empresas mineras, los empresarios, el Estado, los gobiernos locales y regionales, los ciudadanos del campo y la ciudad, las instituciones y la opinión pública nacional e internacional. No hay manera creíble de oponer el agua a alguna de las partes en conflicto sin embargo algunos actores de manera poco creíble han tratado de enfrentar el agua con la industria en general y con frecuencia con la industria extractiva en particular. Eso no es razonable puesto que la industria extractiva requiere agua para sus operaciones y sus operaciones no podrán ser viables si  no genera un proyecto que  tenga un balance de agua positivo que agregue agua de manera consistente. La minería moderna ha dado importantes muestras de ello.
La minería contribuye con la construcción de presas en las partes altas de las cuencas para retener el agua de las lluvias de manera que pueda colectarse caudales suficientes para estabilizar el consumo de las comunidades locales, preservar el uso de aguas neutras y aportar agua para las actividades agrícolas e industriales. De igual forma la minería contribuye con la construcción de diques de retención para cerrar microcuencas, recuperar bofedales, forestar, revegetar y desarrollar sistemas ancestrales como las amunas para retener el agua de manera que pueda infiltrase evitando la escorrentía y reteniendo el agua para cargar apropiadamente la napa freática. La minería peruana ha logrado predecir, evaluar y controlar el comportamiento hidrogeológico subsuperficial y subterráneo de sus operaciones y su área de influencia directa e indirecta mediante la inclusión de modelos hidrogeológicos completos  en sus Estudios de Impacto Ambiental antes del inicio de sus operaciones. Sin embargo existe mucha desconfianza de los resultados de los estudios y del papel del Estado como revisor, generándose el escenario perfecto para que terceros interesados asuman el rol de protectores y bajo la bandera ambiental pretendan impedir el desarrollo de proyectos extractivos .
La confianza es sin duda la clave del éxito y lograr generar confianza requiere un esfuerzo que no se logra de la noche a la mañana. Es un proceso lento que demanda la participación de actores legítimos e independientes de amplia credibilidad para enriquecer el debate y analizar las posiciones de las partes. Solo la confianza genera la base para lograr un escenario que permita obtener soluciones de consenso en beneficio de todos de manera que los proyectos puedan desarrollarse agregando valor para todas las partes interesadas. Es un tema difícil y complejo, muy propio de la naturaleza humana que no requiere mediadores sino más bien especialistas en las distintas disciplinas que intervienen en un conflicto así como la más amplia voluntad de las partes para resolver los problemas y lograr desarrollar sus legítimos intereses sin afectar el desarrollo y bienestar de la mayoría.
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