viernes, 15 de febrero de 2013

Negociación de propiedades superficiales para los proyectos mineros


La negociación de la propiedad superficial cuando pretende iniciarse un proyecto minero es una etapa fundamental que define la viabilidad del proyecto. Recordemos que en el Perú la concesión minera es otorgada por el Estado Peruano puesto que constitucionalmente los recursos minerales del subsuelo son de todos los peruanos con lo cual Estado puede concesionarla a inversionistas privados que tengan la capacidad de ponerlas en valor, sin embargo en el caso de la propiedad superficial estas constituyen un bien legítimo de personas naturales o jurídicas muchas veces como propiedad de Comunidades Campesinas o Nativas y debe ser negociada cuando los actuales propietarios estén de acuerdo para poder adquirirla o concesionarla de manera que pueda realizarse la actividad minera donde sea necesario. Esto conduce directamente a largo proceso de negociación con la finalidad de hacer viable el proyecto. 
Para iniciar la negociación la empresa debe definir un interlocutor válido dentro de la propia estructura organizacional, una persona segura y confiable, con alta credibilidad y la suficiente jerarquía gerencial que permita liderar el inicio y mantenimiento de una relación de largo plazo entre la empresa y las comunidades del entorno de los proyectos mineros. El primer paso es levantar la información clave de las comunidades del entorno tanto en el área de influencia directa como en el área de influencia indirecta del proyecto para lo cual debe establecerse un apropiado mapa de actores con los cuales debe iniciarse acercamientos y relación basada en la cooperación recíproca y el fortalecimiento de una relación de contribución para el desarrollo socioeconómico de los alrededores del proyecto.

Debemos recordar que las minas tienen un ciclo de vida definida en tanto se mantenga la reserva mineral que las sustenta siendo su tiempo de existencia finito y en algún momento deben cerrarse ambiental y técnicamente. En cambio la Comunidad tiene una existencia de plazo mucho mayor, es ancestral y perdurará en el tiempo por lo que en el camino la inversión minera y las Comunidades deben encontrar oportunidades que permitan el desarrollo y el progreso para mejorar el nivel de vida en el entorno de sus operaciones.
El problema entre las Comunidades y la empresa minera es siempre la confianza que por desgracia parece ser la más ausente en tiempos actuales y la que menos se trabaja por las partes en conflicto. La confianza es el factor fundamental y solo puede desarrollarse en la medida que los interlocutores se conozcan personalmente (algunas compañías todavía piensan equivocadamente que las relaciones comunitarias pueden manejarse por carta desde Lima con gerentes de escritorio), trabajen en equipo (rompiendo las asimetrías culturales) y desarrollen relaciones de comunicación fortalecidas en base a la contribución mutua (oficinas de participación ciudadana, reuniones periódicas de diálogo y mecanismos de comunicación directa). La clave de la contribución es el aporte legítimo de las capacidades de las partes incluyendo la capacidad de lograr articulación entre el Estado, la Comunidad y la empresa privada para generar desarrollo sustentable en la zona.

Esta confianza es difícil de lograr pues para llegar acuerdos concretos se requiere tener Comunidades debidamente representadas por dirigencias legítimas y confiables, sin embargo lo que observamos es que también existe una enorme desconfianza entre las propias comunidades y sus dirigentes. La mayoría de los dirigentes comunales han sido elegidos con muy poca representatividad, en reñidas elecciones donde luego de ganar se sienten tan poco empoderados que no pueden representar realmente a la Comunidad frente a cualquier acuerdo. En la mayoría de los casos se pretende que las reuniones de negociación se realicen entre los representantes de la empresa minera (unas cuantas personas) y la totalidad o la gran mayoría de los comuneros registrados (varios cientos o miles de personas) pues la Comunidad simplemente no confía en sus dirigentes elegidos. A esto se suma la enorme corrupción que existe entre las dirigencias, corrupción que defiende intereses personales disfrazados de ideologización extrema que no conduce a la defensa legitima de los intereses de la Comunidad.
Como podemos apreciar este proceso de negociación entre unos pocos representantes de la empresa minera y cientos o miles de comuneros no es viable y requiere que existan mecanismos mejorados para lograr que las dirigencias sean realmente legítimas y puedan hablar por la comunidad defendiendo sus intereses en cualquier negociación. Es por eso que el Estado debe revisar nuevamente la manera como son las elecciones comunales para asegurar una representatividad mayor al 50% en una primera vuelta y exigir segunda vuelta para asegurar una representación no menor al 80% además de actuar como observador para garantizar la transparencia de las elecciones realizadas en busca de legitimidad de la representación comunal por parte de sus dirigentes. En este aspecto no se está haciendo nada en la actualidad.

Una vez lograda la confianza y la legitimidad de los interlocutores, el proceso de negociación debe empezar siempre con la exposición de los intereses de las partes para generar una agenda concreta sobre la cual se pueda empezar una negociación (empezar a negociar sin una agenda definida es una pérdida de tiempo, genera ineficiencia y no se llega nunca a acuerdos concretos generando caos y mayor desconfianza). Con una agenda definida se puede empezar a delinear cada punto de manera que puedan establecerse objetivos comunes para la Comunidad y la empresa minera de manera que sobre ellos se pueda establecer cuál es la base de la contribución de cada parte para lograr los objetivos planteados.
Esta contribución implica que en todo acuerdo al que se llegue, la Comunidad y la empresa minera tienen la obligación de contribuir específicamente con alaguna de sus capacidades por ejemplo si se trata de construir una escuela, la empresa puede contribuir con el diseño, la ingeniería, los materiales, la supervisión de la obra mientras la Comunidad puede contribuir con la mano de obra y las coordinaciones con las autoridades y ministerios para los permisos y para gestionar las plazas docentes. De esta manera las obras son realizadas en conjunto por medio de una contribución en función a sus posibilidades reales y las obras se sientes parte de la Comunidad y no simplemente un regalo que no tiene valor y no lo consideran cono suyo. El problema es que las dirigencias casi nunca quieren contribuir con su propia Comunidad y la empresa minera la mayoría de las veces adopta la vía del facilismo del regalo de la obra sin contribución a cambio de concesiones de corto plazo, lo cual está mal conceptuado y no es sustentable en el tiempo.

Finalmente una vez logrado un acuerdo este debe celebrarse en conjunto con todas las partes interesadas como una apuesta de futuro con las Comunidades y las propiedades adquiridas por la empresa sea por compra o cedidas en la modalidad de usufructo deben ser registradas contractualmente ante las autoridades y registros de propiedad y documentadas para continuar con los trámites ante el Ministerio de Energía y Minas para continuar con el desarrollo del proyecto minero.
La mina debe generar siempre oportunidades de desarrollo en sus alrededores del proyecto para que los ciudadanos encuentren oportunidades de mejorar su calidad de vida buscando empresarios locales en lugar de empleados residentes. Es una oportunidad que debemos buscar porque no llega sola y debe construirse con esfuerzo, dedicación profesionalismo y mucho entusiasmo.