lunes, 25 de febrero de 2013

La pequeña minería actual no tiene sustento


La minería es una actividad económica fundamental que actúa como motor del desarrollo nacional y permite al Perú generar crecimiento logrando los fondos necesarios para salir de la pobreza y avanzar en el desarrollo. Sin embargo esta actividad solo tiene sustento técnico, ambiental y social si se basa en una economía de escala con alta dosis de tecnología que le permita operar en forma segura. Esto solo es posible en el caso de la mediana y la gran minería formal. La pequeña minería en cualquiera de sus formas no tiene el sustento razonable para ello.  
En ese contexto es increíble e irresponsable la manera como los gobiernos tratan de promover populistamente las actividades de la pequeña minería, incluso se forman instituciones y se obtienen fondos para la promoción de la formalización de cientos de mineros artesanales que actualmente operan informalmente para pasarlos a un régimen absolutamente proteccionista, con escasos o nulos controles ambientales,  grandes beneficios tributarios y otras bondades que procuran poner a la pequeña minería como una actividad con trasfondo de problema social que requiere la mayor atención. Nada más erróneo e incorrecto. 

La pequeña minería formal o informal realmente no tiene sustento por las siguientes razones:
  1. La pequeña minería formal o informal no cuenta por diseño con los fondos y recursos económicos, tecnológicos y humanos suficientes para garantizar la debida protección ambiental que toda operación minera requiere. Las inversiones en materia ambiental (línea base, monitoreo, encapsulamiento, aislamiento, recirculación de flujos, reciclaje de agua, etc.) tienen un elevado precio, requieren tecnología y dinero para desarrollarse que justamente la pequeña minería por su naturaleza empresarial de diseño no tiene.
  2. La pequeña minería formal o informal es la puerta falsa para que algunas inescrupulosas minas medianas se acomoden en zonas de difícil acceso social para evitarse las reglas y prácticas ambientalmente aceptables, abriendo nueva razón social y beneficiándose directamente de los beneficios tributarios y de la ausencia de controles del régimen especial de las pequeñas minas
  3. La pequeña minería formal o informal en la mayoría de los casos está vinculada directa o indirectamente a la existencia de plantas de beneficio que no tienen mina como las ubicadas en Piura y Nazca y que de manera cómplice el Ministerio ha aceptado como formales y que generan producción en base a los camiones de mineral que reciben sin ver (es decir sin saber de donde salieron, como fueron extraídos, si se respetaron las normas ambientales, si se cuidó la seguridad de los trabajadores, si se cumplieron las leyes laborales, etc.).
  4. La pequeña minería formal o informal es la causante reciente del mayor impacto ambiental en las regiones donde opera. Basta ver los ríos en Madre de Dios, las minas pequeñas e informales en Nazca o la sierra de Piura donde la nueva contaminación con relaves en quebradas o agua ácida drenando es aceptada en aras de resolver un problema social ante los ojos de todas las autoridades.
  5. La pequeña minería formal e informal ha generado corrupción y mafia en la extracción y transporte del mineral, el uso de mano de obra sin beneficios sociales, la existencia de mercados negros de explosivos y reactivos químicos, la corrupción de policías y la evasión de impuestos a la vista y paciencia de las autoridades ambientales y mineras.  
Es fácil para los políticos de turno y los mediocres funcionarios que operan para ellos formalizar el desorden y pretender darle populistamente un sentido social bajo la campana de “problema social” a la pequeña minería formal o informal cuando la situación con respecto a su promoción es un verdadero desastre.
El Perú es un país minero ancestral con tradición y experiencia minera siendo así como de las casi 5000 minas existentes solo 1000 son formales donde aproximadamente 20 pertenecen a la gran minería, 200 a la mediana minería y el grueso 780 son consideradas pequeña minería formal (minas que legalmente extraen entre 0 y 500 TMD) con procesos poco mecanizados, productividades muy bajas, alto riesgo de seguridad minera para los trabajadores, condiciones de salud y bienestar desastrosas así como un alto grado de corrupción de funcionarios en los distintos niveles de la organización y el gobierno. La pregunta es ¿Qué pasa con la minería informal? Hay casi 4000 minas informales. ¿Vamos a formalizarlas? ¿Cómo se controla y de desatan los enormes nudos de corrupción locales que las sustentan? Son muchas preguntas que deben resolverse tomando consciencia de la realidad minera nacional.
Lo lógico es que el Perú promueva la artesanía de metales y la industria de la joyería para exportación y consumo local siempre que esta actividad no base sus precios en la compra a mineros informales en su cadena de abastecimiento. En ese contexto la minería informal debe ser erradicada de raíz, todos saben donde se encuentra, como opera, no entendemos porque con la tecnología de localización existente no se erradica. ¿No será que hay grandes intereses al igual que con la coca y el narcotráfico?, ¿Por qué no se da la decisión política de erradicar la minería informal? ¿Qué intereses están ocultos en este proyecto? Son preguntas que debemos hacernos si queremos enfrentar la verdad y no ocultarnos en la ignorancia de las conveniencias.

La única alternativa viable para la subsistencia correcta de algunos de los actuales pequeños mineros formales (los informales deben desaparecer) consiste en procurar asociarse o incorporarse como accionistas efectivos o propietarios colectivos de un proyecto minero mediano o grande donde sea factible operarlo técnica, ambiental y socialmente responsable. Esta es la única manera viable para canalizar con fundamento los recursos económicos, tecnológicos y humanos suficientes que la minería requiere para ser ambientalmente sustentable, operar en forma segura y generar rentabilidad empresarial y social con el oportuno pago de impuestos en beneficio de todos. Las actuales políticas y programas sobre formalización de la minería ilegal y sobre la promoción de la pequeña minería formal están equivocados y deben despertar a la realidad antes que sea demasiado tarde.